Star Wars, Episodio VIII Los últimos Jedi, Rian Johnson.

El nuevo capítulo de la saga ha creado una tremenda división entre los fans de la saga galáctica. Calificada por algunos como “la peor película de la saga” y por otros como todo lo contrario, esto hace que comentar o reseñar Los últimos Jedi sea tarea bastante complicada y que necesite algo más que una queja en twitter o facebook. De momento es muy meritorio que una producción Disney se haya atrevido a salir de la zona de confort y no intente contentar a todos.

La muerte de los mitos.

Son tiempos oscuros para la galaxia (otra vez), la alianza rebelde con la valiente princesa Leia se encuentra en apuros (Otra vez) y la esperanza reside en localizar al maestro Jedi Luke Skywalker y que detenga los planes del misterioso Snoke y de su antiguo alumno Kylo Ren/Ben Solo.

Con esta premisa y otro aparente retorno a la tragedia griega (y galáctica) vivida en El Imperio Contrataca, Disney se ha dado cuenta de que no puede vivir de antiguos mitos, ni de recrear a Luke, Leia o a Han mediante CGI para seguir liderando la taquilla con cada entrega. Hay que salir de la zona de confort, La nueva saga de Star Wars no está obligada a contentar al fandom más ortodoxo y para crear algo nuevo hay que destruir el pasado, almenos en parte. Esto es algo que los fans mal llamados “puristas” no van a entender.  Disney quiere dar la entrada a nuevos personajes, algunos de ellos sin ninguna relación la familia Skywalker y eso demuestra valentía y riesgo. Sobretodo en una época en la que se buscar dar al público lo que quiere ver, en lugar de lo que necesite realmente.

Los últimos Jedi, no es una película perfecta, tiene problemas de ritmo e historias insulsas metidas con calzador para contentar a cualquier tipo de público. Esto afecta a la gran trama central, la que tendría que tener toda la atención. Vemos secuelas de lo que sucedió en Rogue One, un nuevo intento, algo más suavizado, de integrar una trama adulta con innecesarios toques de humor que estropean el conjunto. Por otro lado la épica está presente en cantidades industriales, los actores están perfectos Daisy Ridley está maravillosa como Rei, Adam Driver ha conseguido captar la esencia de su personaje y John Boyega continua siendo perfecto como Finn. Mark Hamill y la fallecida Carrie Fisher continuan dando lecciones de actuación a la par que nos emocionan continuamente.

Y es que más allá de los planetas con paisajes de ensueño y contar con algunas de las batallas espaciales que hayamos visto en la saga, el Episodio VIII es una película de personajes y del viaje emocional de cada uno de ellos, un aspecto perfectamente hilado y vinculado incluso a los propios espectadores de la película. Hay un tremendo mensaje en esta película que tanto los personajes como nosotros mismos tenemos. El continuo debate sobre lo especiales que creemos ser y la negación de la realidad sobre nosotros mismos.

ALERTA SPOILERS

La “conversión” de Kylo Ren es una de las mejores cosas de la película y una perfecta lección para esos fans que quieren seguir reviviendo a Darth Vader. Kylo Ren/Ben Solo jamás será Vader es un villano distinto con otras motivaciones y diferente drama interno. No es nadie especial ni llegará a ser tan temible como lo fue Anakin. Lo mismo sucede con Rei e incluso con Luke Skywalker, el viaje iniciático para Rei que acaba mostrando la redención para el viejo maestro y para la orden Jedi.

¿Qué pasa con Snoke? ¿Y con los padres de Rei?

Nada, es algo tan brillante como irritante para todos esos fans que han hecho mil conjeturas, todo ha sido un monumental engaño, una “trolleada” para que conectemos con el mensaje de la película. Snoke es un Sith que aprovecha la ocasión, nada más. Los padres de Rei la abandonaron y se olvidaron de ella. Este es el monumental golpe de efecto que ha provocado que muchos espectadores hayan salido del cine como si les hubieran hecho una colonoscopia. Por eso digo que Los últimos Jedi es la película más arriesgada de la saga galáctica.

¿Y ahora qué?

La “hoguera” narrativa que ha supuesto esta película, significa un lienzo en blanco para los nuevos personajes. Una oportunidad de crear nuevos héroes, nuevas leyendas. Pero también es una responsabilidad inmensa para con las nuevas entregas, ya que siempre tendremos a los antiguos héroes y villanos en la memoria.

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