El vacío, The Void, Jeremy Gillespie

Portales a una dimensión de horror y locura, tentáculos sangrientos, mutantes, sectas misteriosas… Seguro que a más de uno estos temas les sonará a películas de Cronenberg, Stuart Gordon, John Carpenter y a las novelas de Lovecraft o Stephen King. El Vacío es una peli deudora de todo esos referentes y no intenta ocultarlo pero ¿Ofrece algo más?

La secta de los Doritos Negros.

Un policía traslada a un hombre herido a un pequeño hospital, y la violencia no tardará en desatarse. Los pocos médicos y pacientes que hay se ven rodeados por unos encapuchados y amenazados por extrañas criaturas que aparecerán dentro del hospital, algo inhumano quiere entrar en nuestro mundo y este grupo de héroes inesperados tendrá que hacerle frente.

Y el abismo te devuelve la mirada…

Tuve ocasión de visionar The Void/El vacío hace ya algún tiempo y hay que reconocer el tremendo esfuerzo con los efectos especiales, pero sobre el argumento ya es otro cantar: Nos ofrecen un nuevo intento de reformular la cosmogonía de H. P. Lovecraft, algo similar a lo que pudimos ver (y disfrutar) con En la boca del miedo (1995) donde Carpenter nos ofrecía una versión apócrifa y maravillosa, de todo lo que pasaba por la mente del amigo Howard. Pero con la película que nos ocupa, en lugar de darnos un producto de serie B entretenido y puramente Lovecraftiano (perdón por el palabro) como Dagon (2001, Stuart Gordon), El vacío se convierte en un horror similar a Bajo aguas tranquilas (2005,Brian Yuzna)…

En The Void, hay algo que cojea bastante, pese a que reune todos los elementos para que el fandom de festivales aplauda como loco, nos presenta una realización anodina y una recreación continuada de lo vivido en otras películas. Ojo, no es culpa de los actores, Están Vivos (Carpenter, 1988) tiene al luchador de wrestling Rody Pipper como actor principal y es un peliculón de culto. Pero The void es un cortometraje hecho por fans del género, alargado y con presupuesto gracias a un efectivo crowdfunding. Los padres de la criatura, Jeremy Gillespie y Steven Kostanski son dos directores salidos de la factoría Troma (al igual que James Gunn, pero este con talento) y que saben lo suyo de sangre y vísceras, pero ha de haber algo más, aparte de plasmar lo ya visto en otros lares.

Las nuevas generaciones que quizás (aún) no hayan disfrutado de Hellraiser encontrarán en esta película algo novedoso y que viene con la pegatina de “nostalgia ochentera” y pongo las comillas porque está llegando el momento de que bajo esa etiqueta nos cuelen cualquier cosa. The Void funciona como peli de terror pasajera y con los mejores efectos especiales que se hayan visto en bastante tiempo. Aparte de eso, es una repetición de escenas que ya has visto más de una vez si tienes algunas canas. Si quieren pura serie B, con homenajes, vean cualquier peli de Neil Marshall.

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